Tenerte tan lejos no era mejor que saberte tan cerca y saber que no te veré. Siempre fuiste y estuviste en cada paso de estas fechas; en estos días, nos tuvimos tan eternos, tan amados, tan pegados, tan nosotros.
Terminó, nos dolimos, nos alejamos. Ahora nos reinventamos, nos acordamos y seguimos lejanos.
Tomar esas ideas, las que siempre rondaron, las que siempre me dijeron que te buscara, que te lo contara, que merecías saber que esto no murió, que quizá esta larga pausa terminó.
Tal vez atreverme y contarte que ahora comienzo a ser la que siempre planeé; que nunca con tanto esfuerzo como ahora, pero lo logré.
Tu tiempo y mi tiempo que nunca volverán a ser el nuestro. Y aun así, me permito desearnos tener 5 minutos a solas, los dos, de frente y a los ojos.
Todavía.
domingo, 23 de diciembre de 2012
Todavía
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No Tengo Palacios
lunes, 22 de octubre de 2012
Ritual
Odio este estúpido ritual medicinal antes de dormir.
Odio haber perdido esa capacidad de poner en palabras lo de mi mente, lo del alma.
Encerrar sensaciones y piensos nunca fue sano, nunca lo ha de ser. Sin embargo no dejo de luchar contra mí... Para variar.
Lucho contra mi letargo, mi ligereza, mi ansiedad. Contra mis años perdidos, mis encuentros frustrados, mi falta de amor. Mi atención desatendida.
Lucho porque no puedo dejarlo, porque esa soy yo, porque eso me pido, porque sólo así sobrevivo, porque el dolor lucha tanto como yo.
Lucho porque no puedo cruzar los brazos, porque me inconformo, porque lo siento, porque ya no creo. Porque no sé cuando volveré a creer.
¿Volveré a creer? ¿Volverá la fe? ¿Existirá? ¿No será sólo un placebo, un bálsamo para el alma? ¿Creer que existe el alma y no creer en la fe es una contradicción?
Aquí lo confieso: quiero volver a creer, quiero volver a confiar. El amor requiere de mucha fe y la confianza es primordial, si lo sabré yo.
Quiero que esos golpes de realidad dejen de hundirme el pecho cada vez más; que dejen de noquear el alma, de anestesiar la vida, de cortar de raíz los nervios que llevan a la emoción.
Quiero volver a llorar de alegría. Quiero volver a bailar y que el brillo en los ojos dure más de lo que dura una luna llena; que la puerta se cierre siempre del lado del final feliz... De la continuación feliz. Que no haya final.
La conciencia a veces traiciona y a veces engloria. La auto traición y la congruencia nunca podrán vivir en el mismo espacio, eso está claro; pero hay contradicciones andantes desde hace milenios y nadie lo negará.
Odio este estúpido ritual medicinal antes de dormir.
Odio que me eche en cara el dolor, la ansiedad, la aprehensión, la frustración... Todos envueltos en anhelo.
El anhelo de que, despertando muy de madrugada o al día siguiente, todo habrá cambiado, que todo será mejor. Estarás tú, estaré completa.
Odio este estúpido ritual.
Las medicinas y a dormir.
Odio haber perdido esa capacidad de poner en palabras lo de mi mente, lo del alma.
Encerrar sensaciones y piensos nunca fue sano, nunca lo ha de ser. Sin embargo no dejo de luchar contra mí... Para variar.
Lucho contra mi letargo, mi ligereza, mi ansiedad. Contra mis años perdidos, mis encuentros frustrados, mi falta de amor. Mi atención desatendida.
Lucho porque no puedo dejarlo, porque esa soy yo, porque eso me pido, porque sólo así sobrevivo, porque el dolor lucha tanto como yo.
Lucho porque no puedo cruzar los brazos, porque me inconformo, porque lo siento, porque ya no creo. Porque no sé cuando volveré a creer.
¿Volveré a creer? ¿Volverá la fe? ¿Existirá? ¿No será sólo un placebo, un bálsamo para el alma? ¿Creer que existe el alma y no creer en la fe es una contradicción?
Aquí lo confieso: quiero volver a creer, quiero volver a confiar. El amor requiere de mucha fe y la confianza es primordial, si lo sabré yo.
Quiero que esos golpes de realidad dejen de hundirme el pecho cada vez más; que dejen de noquear el alma, de anestesiar la vida, de cortar de raíz los nervios que llevan a la emoción.
Quiero volver a llorar de alegría. Quiero volver a bailar y que el brillo en los ojos dure más de lo que dura una luna llena; que la puerta se cierre siempre del lado del final feliz... De la continuación feliz. Que no haya final.
La conciencia a veces traiciona y a veces engloria. La auto traición y la congruencia nunca podrán vivir en el mismo espacio, eso está claro; pero hay contradicciones andantes desde hace milenios y nadie lo negará.
Odio este estúpido ritual medicinal antes de dormir.
Odio que me eche en cara el dolor, la ansiedad, la aprehensión, la frustración... Todos envueltos en anhelo.
El anhelo de que, despertando muy de madrugada o al día siguiente, todo habrá cambiado, que todo será mejor. Estarás tú, estaré completa.
Odio este estúpido ritual.
Las medicinas y a dormir.
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